I.
Buenas noches dijo la madre mientras metía al niño dentro de la cama, despacio, tierna pero absolutamente precisa con los gestos de la experiencia y la economía domestica. Segundos mas tarde tras el seco sonido de la puerta al cerrarse solo quedaron dos puntos marcados en la oscuridad, dos pupilas brillantes, demasiado inocentes para estar cansadas, demasiado excitadas por su propio descubrimiento.
(solo espera)
II.
Una botella al borde de la cama, largas sabanas blancas cayendo sobre las baldosas del suelo, en pequeños cuadrados negros y blancos. Un cuerpo desnudo, semitapado, una cegadora claridad y una ventana abierta, cortinas deslizándose mientras la brisa las atraviesa. No hay exceso de calor, y el olor de la tierra húmeda asciende desde el campo. Todavía se podrían ver algunas nubes dibujando caprichosas sombras sobre las lomas. Cerca se oye el sonido de una puerta,
(para el intermedio puede ir bien un te)
III.
Es la tercera vez que regresa, siempre de la misma manera, sabe que no necesito nada. Aun así vuelvo a atravesar sus puertas, por dentro se desliza como los demás, de la misma manera, con la misma ciega predisposición ha no hacer nada, a cumplir con un ritual, pasear pasillo tras pasillo, divagar, asentir, dejarse arrastrar por aquello que resulta llamativo y rechazar algún que otro capricho. La conciencia de su propia adicción la consume... e igual que en el resto de las ocasiones acaba cediendo...
Siempre acaba igual, frente a la cajera, cediendo su tarjeta blanca para que le abran el paso y recoger su cargamento.... casi siempre innecesario... no es lo que te llevas es lo que dejas dentro... la angustia de estar lejos de casa, de hallarte lejos de algún lugar reconocible.
Es triste saber que nestle llega tan lejos...
Siendo uno de los peores chocolates. (tiempo pal cigarrillo).
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